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  Humanizar la sociedad

Raquel Rodríguez de Bujalance

La deshumanización que provoca el individualismo es ya patente y es de temer que, en un futuro próximo, el mal se agrave si no se toman medidas para humanizar a las nuevas generaciones. Esto pasa por redescubrir los lazos esenciales del hombre.

         Hoy se habla hasta la saciedad de los derechos humanos y de la dignidad de la persona, pero se da una evidente contradicción, mientras nos conmovemos con las desgracias que suceden lejos y colaboramos en todo tipo de tareas solidarias, en la convivencia diaria,nunca el individuo ha sido más agraviado por los otros, tanto particular como socialmente.

         La ley del más fuerte impera en las relaciones humanas y pobre de aquel que no está de acuerdo con el poderoso, o con la mayoría de los votos, o con la ideología dominante en el poder. Pobre también del ser que tiene que depender en su existencia de que alguien quiera sacrificarse por él.

         Las estadísticas hablan en números fríos de los actos de terrorismo, secuestros, asesinatos, abortos, robos a mano armada, masacres, torturas, agresiones entre países, pérdida de libertades, impuestos abusivos, leyes en contra de la mayoría, comportamientos sectarios...

¿Dónde está la causa?

         Muchos se preguntan cómo se ha llegado a este estado de cosas. Rastrear las ideas filosóficas que han provocado esta crisis de lo humano que invade la sociedad llevaría a un tratado de varios tomos. Sin embargo se ha dado como explicación general que la base de todo está en la subversión de valores  que se ha provocado de manera intencionada y por la que se ha dado preponderancia a la materia sobre el espíritu.

         El individuo se ha quedado sin conciencia, sin ese juicio próximo y práctico sobre la conducta moral. El bien y el mal objetivo han sido sustituidos, por lo que “para mi” es bueno o no. Y cada sujeto, siguiendo el ejemplo de los que ejercen el poder, se encuentra con derecho a procurarse a cualquier precio lo que juzga positivo para sí  o para sus intereses y a rechazar lo que no le interesa aunque eso perjudique a otras personas.

         Se ha exaltado el individualismo hasta tal punto  que ha contagiado a las personas que, por su misión, eran el prototipo de la generosidad y la abnegación: los padres que ahora reniegan de su condición negándose a traer al mundo a  hijos  para no asumir los sacrificios que exige su crianza y educación o simplemente para "realizarse" individualmente en la profesión o el disfrute de la vida.

La familia humaniza al individuo

         Si se quiere una sociedad más humana habría que reconstruirla de nuevo a través de su fundamento. Nadie ignora cual es ese cimiento de la sociedad: la familia. Será necesario, pues, volver a establecer lo esencial del lazo familiar originario y primitivo del que reciben su último sentido las demás relaciones sociales.

         La familia, en frase de G. Thibon, “es esa red de influencias ocultas, silenciosas que hacen que seamos lo que somos”. El hecho de que la familia está constituida por unas personas adultas –que se supone tienen ya una cierta madurez psíquica- y otras menos maduras, como pueden ser los adolescentes y los niños, hace que cada miembro de la misma disfrute del medio de cultivo más idóneo para entender cada etapa evolutiva del ser humano y las funciones que en ella debe desarrollar. Conoce la infancia, la adolescencia, la madurez y la vejez así como también la paternidad, la filiación , el matrimonio, la fraternidad , etc. etc. y los problemas y responsabilidades que cada uno lleva consigo así como las soluciones más positivas a las distintas dificultades que se pueden producir.

         Las nuevas generaciones aprenden lo más importante de la vida en el entorno familiar. La familia humaniza al individuo dándole una actitud sabia ante la vida y lo da en un clima natural ya que en él las realidades penetran de alguna forma en el inconsciente y se interiorizan extremadamente. Si lo que las nuevas generaciones reciben de la familia es humanizador, la sociedad entera –y los individuos primero- se humanizarán.

         En la familia se aprende esencialmente a ser bueno, a dar sin esperar nada a cambio, a compartir, a pensar en los demás, a querer a los otros independientemente de sus cualidades, su belleza o su inteligencia, y tantas otras cosas positivas  que influyen en la calidad de vida logrando que ésta sea  verdaderamente humana porque todo el mundo se empapa de una actitud solidaria y fraternal.

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