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Humanizar
la sociedad
La
deshumanización que provoca el individualismo es ya patente y es
de temer que, en un futuro próximo, el mal se agrave si no se
toman medidas para humanizar a las nuevas generaciones. Esto pasa
por redescubrir los lazos esenciales del hombre.
Hoy se habla hasta la saciedad de los derechos humanos y de
la dignidad de la persona, pero se da una evidente contradicción,
mientras nos conmovemos con las desgracias que suceden lejos y
colaboramos en todo tipo de tareas solidarias, en la convivencia
diaria,nunca el individuo ha sido más agraviado por los
otros, tanto particular como socialmente.
La ley del más fuerte impera en las relaciones humanas y
pobre de aquel que no está de acuerdo con el poderoso, o con la
mayoría de los votos, o con la ideología dominante en el poder.
Pobre también del ser que tiene que depender en su existencia de
que alguien quiera sacrificarse por él.
Las estadísticas hablan en números fríos de los actos de
terrorismo, secuestros, asesinatos, abortos, robos a mano armada,
masacres, torturas, agresiones entre países, pérdida de
libertades, impuestos abusivos, leyes en contra de la mayoría,
comportamientos sectarios...
¿Dónde
está la causa?
Muchos se preguntan cómo se ha llegado a este estado de
cosas. Rastrear las ideas filosóficas que han provocado esta
crisis de lo humano que invade la sociedad llevaría a un tratado
de varios tomos. Sin embargo se ha dado como explicación general
que la base de todo está en la subversión de valores
que se ha provocado de manera intencionada y por la que se
ha dado preponderancia a la materia sobre el espíritu.
El individuo se ha quedado sin conciencia, sin ese juicio
próximo y práctico sobre la conducta moral.
El bien y el mal objetivo han sido sustituidos, por lo que “para
mi” es bueno o no. Y cada sujeto, siguiendo el ejemplo de los
que ejercen el poder, se encuentra con derecho a procurarse a
cualquier precio lo que juzga positivo para sí o para sus
intereses y a rechazar lo que no le interesa aunque eso perjudique
a otras personas.
Se ha exaltado el individualismo hasta tal punto que
ha contagiado a las personas que, por su misión, eran el
prototipo de la generosidad y la abnegación: los padres que ahora
reniegan de su condición negándose a traer al mundo a
hijos para no asumir los sacrificios que exige su crianza y
educación o simplemente para
"realizarse" individualmente en la profesión o el
disfrute de la vida.
La
familia humaniza al individuo
Si se quiere una sociedad más humana habría que
reconstruirla de nuevo a través de su fundamento. Nadie ignora
cual es ese cimiento de la sociedad: la familia. Será necesario,
pues, volver a establecer lo esencial del lazo familiar originario
y primitivo del que reciben su último sentido las demás
relaciones sociales.
La familia, en frase de G. Thibon, “es esa red de
influencias ocultas, silenciosas que hacen que seamos lo que
somos”. El hecho de que la familia está constituida por unas
personas adultas –que se supone tienen ya una cierta madurez psíquica-
y otras menos maduras, como pueden ser los adolescentes y los niños,
hace que cada miembro de la misma disfrute del medio de cultivo más
idóneo para entender cada etapa evolutiva del ser humano y las
funciones que en ella debe desarrollar. Conoce la infancia, la
adolescencia, la madurez y la vejez así como también la
paternidad, la filiación , el matrimonio, la fraternidad , etc.
etc. y los problemas y responsabilidades que cada uno lleva
consigo así como las soluciones más positivas a las distintas
dificultades que se pueden producir.
Las nuevas generaciones aprenden lo más importante de la
vida en el entorno familiar.
La familia humaniza al individuo dándole una actitud sabia ante la
vida y lo da en un clima natural ya que en él las realidades
penetran de alguna forma en el inconsciente y se interiorizan
extremadamente. Si lo que las nuevas generaciones reciben de la
familia es humanizador, la sociedad entera –y los individuos
primero- se humanizarán.
En la familia se aprende esencialmente a ser bueno, a
dar sin esperar nada a cambio, a compartir, a pensar en los demás, a querer a los otros
independientemente de sus cualidades, su belleza o su
inteligencia, y tantas otras cosas positivas que influyen en
la calidad de vida logrando que ésta sea
verdaderamente humana porque todo el mundo se empapa de una
actitud solidaria y fraternal.
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