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La importancia de la  protección

La búsqueda del bronceado rápido puede provocar en la piel daños irreparables que son fáciles de prevenir. Una crema protectora adecuada al tipo de piel ayuda tanto al bronceado como a evitar los efectos dañinos del sol.

La llegada del calor genera unos cambios que afectan a la vida diaria en muchos aspectos. El buen tiempo llega acompañado de más luz solar, lo que hace que la vida se desarrolle más tiempo en la calle. La forma de vestir también se modifica porque las temperaturas son más altas y exigen prendas de vestir más ligeras y cómodas, que se acortan dejando a la vista partes del cuerpo que antes permanecían ocultas por el frío. A la vez, la moda impone la necesidad de estar bronceados por lo que se dedica parte del día para la exposición al sol. Ante estos cambios, la piel necesita estar preparada y unos cuidados básicos para protegerla de los efectos del sol. No hay que olvidar que el sol es una fuente de salud y de vida pero también es el principal causante del envejecimiento de la piel y de la aparición de cáncer cutáneo, sin no se toman las debidas precauciones. 

La mayoría de las personas confiesan tomar el sol sin la protección adecuada por motivos de comodidad y porque existe la creencia de que al usar un alto protector solar  retrasa el bronceado. Todo lo contrario, una protección alta no frena el bronceado sino que permite una exposición al sol más segura y se recomienda repetir la aplicación cada hora y después de cada baño. Además, no hay un control sobre el tiempo de exposición al sol, y es muy importante tener en cuenta el lugar donde se produce la exposición, no es lo mismo la playa que la montaña, y las horas del día porque de 12 a 16 horas el sol es más dañino.

Una piel, un protector

Cada piel reúne unas características propias, denominada fototipo, que la permiten broncearse rápidamente sin sufrir quemaduras o, por el contrario, es una piel que sí padece las quemaduras y se broncea poco o no se broncea. Todos los tipos de piel necesitan un protector adecuado a sus características porque el efecto más visible es la quemadura pero hay otros efectos a largo plazo como el cáncer de piel.

Los efectos de las radiaciones del sol no inciden sólo en la piel, también el pelo, los ojos y los labios, padecen los efectos de la exposición al sol y para ellos existen productos específicos que los protegen y cuidan, como mascarillas capilares, barras de labios y hay que tener cuidado y proteger los ojos con gafas de sol que cuenten con filtros solares porque los rayos ultravioletas pueden dañarlos seriamente.

Los protectores solares se presentan en distintas formas cosméticas como son leches, aceites o sprays, y lo que marca la efectividad del producto es el índice de protección que tiene. Este índice es el que va a evitar que la piel se dañe por la exposición al sol por lo que de su elección depende nuestra salud y no por ser más elevado se puede alargar el tiempo de exposición. El índice de protección debe de ser el adecuado y usarlo más a menudo si se alarga la exposición al sol.

La melanina no es suficiente

La piel tiene su propio mecanismo de defensa que activa cuando recibe la luz solar. El contacto con los rayos del sol desencadena la creación de melanina por parte del organismo. La melanina es un pigmento que tiene como función proteger la piel y es responsable directa del bronceado, pero no es suficiente para una buena protección y por eso hay que recurrir a productos de protección solar, sobre todo si se trata de una exposición prolongada.

La importancia que se da al bronceado en la época del verano es tal que la mayoría de las mujeres buscaban un bronceado rápido para mostrarse morenas antes que proteger su piel. El aumento de problemas cutáneos entre la población, sobre todo la femenina, ha hecho que exista una mayor concienciación de los problemas que puede ocasionar el sol y se busque el producto apropiado que facilite el bronceado y protección al tiempo. Para mantener la piel saludable, también es importante que al acabar la exposición al sol y con la piel limpia, se aplique un after sun para hidratarla y refrescarla. Además, su uso va a hacer que el bronceado esté perfecto por más tiempo.

A tener en cuenta

La elección del protector solar depende de muchos aspectos propios de la persona como son la edad y el tipo de piel o fototipo, pero no son los únicos. Hay que tener en cuenta que no es lo mismo tomar el sol en la montaña que en la playa porque esto influye en la fuerza del sol que depende de la latitud, la altitud (el peligro de quemadura aumenta con la altura), la estación del año (hay más riesgo de quemaduras en verano), la hora (el peor momento es entre las 12 y las 16 horas) y la naturaleza del suelo, no refleja igual los rayos del sol la arena que la nieve.

Cuando el tiempo está nublado se suele descuidar la protección, pero a pesar de la sensación de frescor, las nubes dejan pasar el 90% de las radiaciones UV del sol por lo que el peligro de quemaduras continúa. Algo parecido sucede cuando se recurre a sombrillas o árboles para evitar el sol y es que puede dañar la piel aunque no hay una exposición directa.

Los rayos del sol

Hay muchos tipos de rayos que proceden del sol aunque para algunos la atmósfera actúa de barrera natural. Pero otros consiguen atravesarla y entre ellos están los rayos UVA y UVB que son los que dañan la piel.

Los rayos UVB son menos numerosos pero más energéticos, actúan en las horas centrales del día, entre las 12 y las 16 horas y no atraviesan el vidrio. Estos rayos son responsables de las quemaduras e insolaciones.

Por el contrario, los rayos UVA son más numerosos, menos energéticos, actúan todo el día, sí atraviesan el vidrio y penetran profundamente en la piel, causando el envejecimiento prematuro y la aparición de manchas cutáneas.

Estas características los diferencian pero también hay algo que los iguala y es que ambos provocan a largo plazo la aparición del cáncer de piel por lo que una buena elección del producto de protección solar que se va a utilizar, evita los efectos nocivos del sol.

 

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