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Arándano (Vaccinium myrtillus L.)

El arándano es un subarbusto de hojas coriáceas y caducas. Las flores en forma de cascabel, solitarias o geminadas en la axila de las hojas tienen sépalos perennes y estambres con anteras apendiculadas. El fruto, baya azulada, está aplastado en la parte superior y parece estar recubierto de polvo cuando llega a la madurez.
El arándano, común en todas las tierras silíceas ácidas del hemisferio Norte, abunda especialmente en las regiones montañosas donde coloniza amplias extensiones, dejando poco lugar a otras especies. 
Se han podido demostrar, experimentalmente, varias propiedades farmacológicas atribuidas a los antocianósidos.
Los efectos sobre los capilares se miden mediante un angiosterómetro por depresión, o por evaluación (bioquímica) de la pérdida de agua de los capilares después de una compresión de los tejidos. Asimismo se han alcanzado buenos resultados en caso de varices, de trastornos vasculares relacionados con un estado cirrótico o diabético, de equimosis, de hemorragias de las mucosas, de edemas...
Se ha estudiado la acción sobre la visión mesópica y escotópica mediante métodos subjetivos (investigación de los mínimos de luminosidad detectable) y también por electrorreninografía.
Los antocianósidos forman parte de la composición de especialidades alopáticas propuestas, para el tratamiento de los síntomas debidos a la fragilidad capilar cutánea (capilarosis de etiologías diversas, trastornos vasculares retinianos, etc.) o a la insuficiencia venosa así como en oftalmología. 
Tradicionalmente, las hojas de arándano se han utilizado en el tratamiento de diarreas ligeras y (como los antocianósidos) en el tratamiento de manifestaciones funcionales de los trastornos de la microcirculación. Utilizadas al natural, son atóxicas lo que no sería el caso de los extractos. Las bayas desecadas, también antidiarréicas, calman los dolores de las colitis espasmódicas y se utilizan en Fitoterapia para este fin.
En España se autoriza el uso de esta planta para el tratamiento de varices, hemorroides, fragilidad capilar, arteriopatías, edemas por insuficiencia venosa, hemeralopia, retinitis pigmentaria, miopía y diarreas.

La ingestión de dosis muy superiores a las recomendadas y tratamientos prolongados, puede producir intoxicaciones por hidroquinona.