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Saca
el máximo beneficio al deporte
Nuestras
células son muy competentes para almacenar grasas. También saben
liberarlas. Pero su papel se para aquí. Cuando se trata de eliminar,
nos toca a nosotros poner en marcha la máquina que las quemará:
nuestros músculos. No hay secretos.¡Si se quiere eliminar, hay que
moverse!
Lo
que se llama el “metabolismo basal”, es decir, la cantidad de energía
que consume nuestro músculo cardiaco y nuestros diferentes órganos en
reposo no supera las 1.200 a 1.500 calorías al día. En lo que respecta
a nuestro cerebro, se alimenta exclusivamente de azúcar e incluso un
trabajo intelectual muy intenso no moviliza más de un gramo grasa.
Conclusión:
nuestros modos de vida cada vez más sedentarios nos condenan a una
elección sin ambigüedad: o nos movemos o tenemos muchas posibilidades
de engordar si se come de manera desequilibrada. Tan sólo unas pocas
personas parecen estar protegidas genéticamente de este riesgo.
Por
tanto, hay que moverse. Pero no sin importar cómo ni a qué hora.
Actuar con cuidado es aprender a rentabilizar al máximo el ejercicio físico
sincronizándolo con los ritmos biológicos. ¡Es muy sencillo! Basta
elegir las horas adecuadas, las horas adecuadas a las que los adipocitos
están en mejor disposición de “desalmacenar”.
Primera
evidencia: hay que evitar moverse durante los periodos en los
que la insulina bloquea las puertas de salida. Es inútil esforzarse
después de una comida. No sólo será penoso el ejercicio, porque se
opondrá a los procesos de la digestión, sino que, además, será poco
rentable.
Segunda
evidencia: elegir las
horas en las que las sustancias que favorecen el “desalmacenamiento”
se encuentran en mayor cantidad. El pico
de cortisol, la hormona del despertar, que estimula
la actividad, se sitúa entre las 7 y las 8 horas. Es también la
hora en la que la adrenalina y la noradrenalina, las famosas “hormonas
del estrés” están aumentadas.
Conclusión:
la hora a la que el ejercicio será más ventajoso es por la
mañana, antes de desayunar. Vuelta a la sabiduría
ancestral: imitemos a los campesinos que salían
a trabajar a los campos de madrugada y volvían
hacia las 10 para una comida abundante ¡No conocían problemas
de peso!.
Un
buen compromiso consiste en hacer una buena marcha para ir la despacho y
desayunar nada más llegar. Evidentemente, no siempre es posible. Otros
momentos favorables: al final de la mañana
antes de la comida o, incluso, por la tarde, hacia las 18 o las
19 horas, ante de una cena ligera.
Del
libro
“Los
biorritmos de la celulitis” de Thérése Hamel para los laboratorios
Elancyl de Galénic
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