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El
estilo de vida ha cambiado y la capa de ozono se ha degradado
dejando que la atraviesen los rayos más peligrosos. Por tanto, hoy
nos arriesgamos más que en el pasado cuando nos exponernos
al sol.
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El
daño del ADN en la piel se produce cuando, en las capas viables de
la piel, las células sufren fuertes radiaciones de rayos UVA y UVB
sin protección. Es entonces cuando el mecanismo de recuperación
propio de las células deja de funcionar correctamente.
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La
radiación ultravioleta reduce las vitaminas E y C de la piel.
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La
fuerza con la que se refleja el sol es variable: el césped refleja
el 3% de la radiación solar, el agua entre el 5 y el 10%, la arena
entre el 15 y el 30% y la nieve hasta el 85%.
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La
capacidad solar es la cantidad de sol que nuestra piel puede
aguantar sin correr riesgo de padecer cáncer.
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La
exposición solar reseca y deshidrata la piel, aunque mejora
temporalmente la pieles acnéicas y con manchas.
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Las
radiaciones UVA son la principal causa de las alergias al sol porque
penetran en la profundidad de la piel.
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El
autobronceado es una forma segura de broncearse, eliminando el riego
de aumentar el envejecimiento de la piel y un potencial cáncer.
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En las pieles maduras la protección solar resulta más importante que
nunca ya que se tiene menos melamina.
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Una
exposición solar excesiva acelera el proceso de envejecimiento,
provoca más arrugas y pigmentación y se hace más visible debido a
que la capa superior de la piel se endurece.
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El
sol y el calor aumentan la contaminación urbana, lo que genera
radicales libres.
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Deben
aplicarse productos con un factor de protección alto, a partir de 30
spf, desde la
infancia, ya que pueden reducir en gran medida las posibilidades de
contraer cáncer de piel.
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Cuanto
más cerca de los trópicos y a más altitud se esté, más fuertes
son los rayos UVB.
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Los
rayos UVA tienen efectos de envejecimiento, atacan a la elastina y
al colágeno. Los UVB queman y pueden provocar cáncer. Los
infrarrojos generan calor, provocan enrojecimiento, dilatan los
vasos, acentúan la cuerposis y pueden incrementar los daños de los
UVA y los UVB.
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Las
nubes filtran un 50% de los rayos UVB. No obstante los peligros de
los UVA son los mismos que en un día soleados.
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Es
muy importante hidratar la piel antes de exponerla al sol.
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La
crema solar debe renovarse cada verano, aplicarla media hora antes
de la exposición y volver a ponérsela cada dos horas mientras se
permanezca al sol. Tirar a la basura las cremas de año anterior.
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Cuando
se está embarazada, la piel sufre cambios hormonales que pueden
provocar desórdenes pigmentarios. Estos pueden agravarse por la
exposición al sol.
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La
protección solar no borra los daños producidos en anteriores
exposiciones.
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Los
antioxidantes neutralizan los radicales libres, ayudan a evitar las
quemaduras, el enrojecimiento y el daño que produce la oxidación.
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El
sol produce cuatro tipos de cáncer distintos: los epiteliomas, los
basaliomas, los espinaliomas y los melanomas.
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Los
labios son la parte de la piel más sensible al sol debido a que no
tienen protección natural ni glándulas sebáceas ni grasas.
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Las
radiaciones UVA son peligrosas durante todo el día, mientras que
las UVB son más dañinas entre las 12 de la mañana y las 4 de la
tarde.
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Las
pieles más morenas no son menos propensas al fotoenvejecimiento.
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La
protección solar bloquea el 99% de la radiación UVB y el 50% de la
UVA.