Materias de origen animal

La mayoría de la gente desconoce que un adorable castor puede servir para confeccionar su perfume preferido o que se le ha quitado la bolsa abdominal a un cabritillo para que sea más potente un aroma.

La utilización de materias primas procedentes de animales  están ahora muy reglamentadas y tienen en cuenta la supervivencia de las especies. También son  muchas las firmas cosméticas que rechazan la utilización de estas materias primas que sustituyen por olores similares sintetizados químicamente Pero merece la pena conocer estas sustancias, aunque sólo sea para poder, al menos, apreciar las aportaciones de los productos de síntesis y comprender su papel  en la elaboración de un perfume.

El ÁMBAR GRIS
Los perfumistas utilizan el ámbar para fijar los perfumes volátiles. Esta sustancia proviene de los intestinos del cachalote. Los grandes cefalópodos (sepias, pulpos, calamares...) desempeñan un importante papel en su elaboración dentro del tubo digestivo del cachalote: sus pinchos hieren las paredes intestinales del animal, que entonces segrega una sustancia pastosa. El ámbar gris lo expulsa el animal espontáneamente o cuando muere naturalmente, durante la descomposición de su cadáver. Su explotación no perjudica a la especie, que además está muy protegida. El ámbar, más ligero que el agua, flota con las corrientes marinas. Al cabo del tiempo se decolora bajo la acción conjugada del sol y el agua, y se afina. Se recoge en el mar o en las riberas. Cuando llega a manos de los perfumistas el ámbar es muy ligero, poroso, gris claro o blanco. Tras unos meses de secado, su olor nauseabundo de pescado se convierte en un aroma ambarino, con acentos de playa marina a los que se mezcla a veces un vago olor a té. Después de una maceración en frío de varios meses en alcohol puro, forma un producto de una delicadeza notable, utilizado como fijador en los perfumes de excelente calidad. 

El ámbar se presenta en forma de bloques o de "riñones", cuyo peso varía desde unos cuantos gramos a más de trescientos kilos. Su precio, sumamente elevado, lo convierte en una preciosa materia usada con gran parsimonia por los perfumistas.

EL CASTOREO

El castoreo es una materia olorosa segregada por un par de glándulas internas del castor. Es una sustancia oleosa y lustrante que le permite al animal engrasar su pelaje para protegerlo de las agresiones exteriores. Antiguamente estaba muy extendido en Francia, pero ahora el castor solamente vive en Norteamérica, Canadá y Rusia. Se caza en enero, ya que es la época en que más bella está su piel. Su pelaje es lo más apreciado, ya que las bolsas se consideran como un producto secundario. Éstas pesan unos cien gramos y su talla varía en función de la edad del animal. Dicen que fue Nostradamus, el de las profecías, quien descubrió que la sustancias que segregan las glándulas del castor fijaban los olores y hacían a los perfumes más perdurables y seductores.  Y es que el castoreo constituye un excelente fijador en las composiciones perfumadas. Se utiliza en tintura alcohólica, a partir de las bolsas trituradas o bien directamente en forma de resinoides. Pone una nota animal, cálida próxima al cuero, que los perfumistas utilizan en composiciones orientales, chypredas o masculinas.

EL ALMIZCLE
En perfumería, el almizcle es la secreción odorífera de una glándula abdominal del cabritillo, que tiene el aspecto de una bolsa ovalada o redonda, de tres a ocho centímetros de diámetro. Está situada bajo la piel del vientre del animal, entre el ombligo y los órganos sexuales. El cabritillo almizclero es un rumiante de la familia de los mósquidos, que vive en las altas planicies de Asia (Himalaya,, Asia Central), se asemeja a un pequeño cabrito primitivo y pesa unos diez kilos.