Materias de origen vegetal

Si las flores son las partes de los vegetales más utilizadas en perfumería, no son las únicas. Ciertas materias primas que empleamos diariamente con otros fines también son conocidas por los perfumistas.

 

FLORES, PÉTALOS, BOTONES Y YEMAS
Si la asociación entre flor y perfume es algo evidente hoy, la explotación del reino floral en perfumería no se logró en un día. Los hombres debieron desplegar tesoros de imaginación y audacia para restituir la complejidad y la magia del "espíritu vegetal" en un frasco.

LA ROSA
De todas las flores, la rosa es la preferida de los amantes del perfume desde hace más de tres mil años. Homero describió el aceite de rosas que usaba Afrodita para untar el cuerpo de Héctor, obtenido a partir de la maceración de los pétalos en aceite de oliva. La perfumería islámica fue la primera en destilar los pétalos de la rosa de Damasco. La ciudad persa de Shiraz era conocida en el siglo VIII por su agua de rosas, que exportó hasta el siglo XVII a Europa, la India y China. Aparte de un uso culinario y farmacéutico, el agua de rosas fue muy apreciada por los perfumistas occidentales, desde el Renacimiento al siglo XIX. Los sultanes persas llevaron aún más lejos el refinamiento, metiendo en sus colchones los preciados pétalos.

La perfumería utiliza dos variedades botánicas de rosas entre las centenares conocidas: la Rosa centifolia, llamada también rosa de mayo o de Provenza, que se halla en Grasse y en Marruecos, y la Rosa de Damasco, cultivada en Bulgaria y Turquía. La centifolia de Grasse permite obtener una esencia absoluta a partir de un tratamiento por extracción de los disolventes volátiles. La centifolia de Marruecos y la damascena turca se tratan a la vez con disolventes y con vapor de agua, permitiendo obtener un aceite esencial. La damascena búlgara sólo se trata al vapor y la recogida de la rosa es particularmente delicada, y su peor enemigo es el sol, pues en pleno calor es más fuerte el perfume de la rosa pero menos suave. La recogida se efectúa desde el alba, flor a flor, lo más rápidamente posible. Es hacia las 8,30 horas cuando la flor es más rica en productos volátiles. 

Un obrero agrícola experimentado recoge de cinco a ocho kilos al día. Si esa cifra parece importante, es preciso saber que cinco toneladas de flores se necesitan para obtener un solo kilo de esencia, lo que da un poco menos de un gramo de aceite esencial por hora. Este aceite posee unos trescientos constituyentes moleculares, algunos difícilmente identificables. Esto explica que la síntesis aún no ha logrado imitar a la perfección esta sutil base natural. Lo cual no es lamentable, puesto que la hermosa visión de los campos de rosas que se ofrece a los ojos humanos, se acompaña con los aromas que cosquillean nuestras narices, como el Loy de Patou o el bello París de Saint-Laurent.

EL JAZMÍN
Aroma floral, cálido, animal, especiado, frutal, licorado... La lista de las impresiones olfativas unidas al jazmín es infinita. Su relación con la perfumería es tan íntima que en Grasse llaman a todas las flores por su nombre, pero al jazmín se le designa simplemente como "la flor". La especie usada por los perfumistas es el jazmín grandiflorum. Probablemente, originario de Asia central y Persia, este arbusto fue introducido en Grasse hacia 1560 por los navegantes españoles y conoció su consagración en el siglo XIX y principios del XX. El jazmín es una flor de verano y su floración va de agosto a octubre.

Si hoy día es bastante reducida la producción de jazmín, de doscientas toneladas era a comienzos de siglo y que llegó a alcanzar casi dos mil toneladas entre 1930 y 1940. Cuando se sabe que se necesitan ocho mil flores para obtener un kilo de jazmín, cabe imaginar la cantidad de obreros agricultores que hay que emplear.

Lo mismo que con la rosa, la recogida se efectúa antes de salir el sol por temor a que el rocío y el calor arruinen las flores blancas, recogidas una a una. Un buen obrero recoge unos setecientos gramos de jazmín por hora. Se necesitan setecientos cincuenta kilos de flores para lograr un kilo de absoluto. En perfumería, el jazmín es la más utilizada de todas las flores blancas. Según la opinión de todos los fabricantes, no puede haber un buen perfume sin jazmín. Este ha dado origen a los perfumes clásicos, como el nº 5 de Chanel, Joy de Patou, Arpegio de Lanvin, Flor de Flores de Nina Ricci y First de Van Cleef

LA TUBEROSA
Flor testaruda, la Polianthes tuberosa, o simplemente tuberosa, originaria de México, fue introducida en Francia en el siglo XVII siendo cultivada en Grasse. La corte del Rey Sol la apreciaba especialmente y las bellas adornaban con ella sus corpiños. Hoy día lo esencial de la producción proviene del Estado de Karnataka, al sudeste de la India, donde florece todo el año. Su aroma es amplio y cálido con acentos balsámicos. Los perfumistas la usan en sus composiciones de tipo oriental, como Poison de Dior.

EL NARCISO
Esta es una flor de montaña de perfume inolvidable que medra en las praderas del jura, los Alpes y el Macizo Central. En Francia existe una docena de especies de narciso, entre las cuales destaca el junquillo. Los perfumistas usan el Narcissus poeticus, una especie bastante rara que florece en el mes de mayo. Las hojas, el tallo y la flor son tratados por extracción con disolventes. 

La esencia absoluta obtenida recuerda el olor de la flor, con una leve nota vigorosa debida al tratamiento del tallo. Es un producto muy caro, pues la flor se vende a unas trescientas pesetas el kilo y se necesitan mil doscientos kilos para lograr un litro de esencia absoluta. El aroma obtenido es muy potente.

LA MIMOSA
La mimosa, originaria de Australia, se adaptó bien a Francia. Desde finales del mes de enero a comienzos de mayo cubre los macizos de los Alpes Marítimos y del Var, dándole un hermoso color estival. En realidad, las bolas de oro no tienen pétalos sino estambres, lo que explica su fragilidad. Es imposible, en efecto, conservar la mimosa cortada más de veinticuatro horas. La flor y la hoja se tratan y producen una esencia absoluta que recuerda el olor de la flor, a la vez suave y cosquilleante. Es una flor que gusta mucho a los anglosajones, pero que jamás ha sido explotada como aroma principal.

LA FLOR DE AZAHAR

Es la flor de la virginidad, como lo atestigua la tradición de Grasse, que consiste en ofrecer una guirnalda de flores de azahar a las parejas que se casan durante la floración, de abril a mayo. Procede del Citrus aurantium amara o naranjo amargo, árbol originario de China meridional, introducido en el Mediterráneo en la época de los romanos.

Tras la destilación, se obtiene una esencia llamada "neroli". El agua recuperada con este tratamiento es la famosa agua de flor de azahar. El rendimiento es muy débil: con una tonelada de flores apenas se logra un kilo de neroli. Las hojas y las ramas del naranjo amargo se tratan igualmente y permiten obtener una esencia llamada "petigrain", mientras que la corteza de la naranja, tratada por extracción, da una esencia llamada bigarada.

LA LAVANDA
Inevitablemente unida a Provenza pero también al olor de limpieza que emana de los productos de la lejía, la lavanda no está muy de moda en perfumería. Una suerte injusta, pues esa planta posee una tonalidad olfativa muy interesante. En contra de lo que se cree, la belleza de las colinas del Luberón y las planicies de Manosque en el mes de agosto no se debe a la lavanda sino a una especie hibrida: el lavandín. La auténtica lavanda utilizada en perfumería es una planta menos alta, de tallo más fino y cuyo precio es más elevado. Se halla en los Alpes, a partir de los mil metros de altitud y sobre todo en Gran Bretaña. A principios de siglo, los británicos se distinguieron con dos hermosas creaciones soliflores empleando la lavanda: English Lavender de Atkinsons (1910), que fue la primera agua de tocador masculina, y Old English Lavender de Yardley (1913), completamente indispensable a las lanas británicas. Más tarde, Caron les sucedió con Pour un homme (1934). Si hoy no es probable que algún perfumista lanzara al mercado un perfume con olor a lavanda, que ineludiblemente se alía al olor de la lencería, sí la usan en las aguas de tocador masculinas como nota principal, para darle frescor a la composición.

EL YLANG-YLANG
La Cananga odorata forma genuina, más conocida con el nombre de Ylang Ylang es una flor que evoca el calor suave y húmedo de los trópicos. Originaria de Filipinas, emigró a las Comores y a Madagascar, donde sigue siendo cultivada. En estado silvestre, el Ylang -Ylang, es una flor 0riginaria de Filipinas. Se trata de un árbol de ramas tortuosas que puede alcanzar de veinticinco a treinta metros de altura. Cultivado, el árbol se corta al metro ochenta. La Ylang -Ylang es la flor de la voluptuosidad y la seducción, la que adorna las cabelleras de las mujeres de Manila y perfuma los harenes. Los perfumistas gustan de utilizar ese aroma que arranca muy de prisa -se dice que posee mucha "marcha"-, para convertirse después en más floral, más empolvada y perdurable en cualquier composición.

Evoquemos igualmente el junquillo (Narcissus odorus), una de las primeras flores del año, de perfume penetrante y delicado, así como su compañero de los claros, el jacinto (Hyacinthus orientalis), que se expande en campanillas y da una esencia absoluta muy fresca. La explotación en perfumería de esas dos flores tiende a desaparecer y van siendo sustituidas por otras que reconstituyen su composición olfativa.

Hay algunas flores ausentes de la industria perfumista. Si todavía eran tratadas en la región de Grasse a principios de siglo, la producción es prácticamente nula en la actualidad. El perfume del clavel se reconstituye artificialmente gracias a los productos sintéticos. La lila tampoco da buenos resultados por lo que se cultiva muy poco o nada en absoluto. Respecto a la madreselva y el muguete, quien conozca su perfume embriagador se sorprenderá sin duda al saber que esos dos vegetales son definitivamente refractarios a toda destilación o extracción. Como si la naturaleza, enfadada de verse tan saqueada, quisiera vengarse.